lunes, 22 de enero de 2018

Reseña de DEL POLEN AL HIELO, de Luis Ramos de la Torre en Puentes de papel

LUIS RAMOS DE LA TORRE. DEL POLEN AL HIELO

Del polen al hielo
Luis Ramos de la Torre
Ediciones Baile del Sol, Poesía
Tegeste, Tenerife, 2017

HILOS DE LA MEMORIA


   A lo largo de su itinerario creador, Luis Ramos de la Torre recobra continuos enlaces entre música y poesía. Doctor en Filosofía, profesor y cantautor, sus pasos congregan una abundante reflexión ensayística sobre Claudio Rodríguez, poeta de la generación del 50 sobre quien realizó la tesis doctoral y fundó el Seminario permanente Claudio Rodríguez. Entre sus grabaciones destacan los trabajos musicados sobre Agustín García Calvo y colaboraciones con cantautores como María Salgado y Eliseo Parra.
   Desde su poemario inicial, Por el aire del árbol, un libro de composiciones para niños, hasta Entre cunetas, acaso su libro más comprometido con la memoria histórica, la voz lírica de Luis Ramos de la Torre lleva consigo una sensibilidad que entrelaza evocación, mirada introspectiva y reflexión crítica sobre el estar temporal. Son temas germinales que se ratifican de nuevo en las composiciones de Del polen al hielo.
  El sugerente título resume el ciclo del tránsito vital, ese caminar esperanzado hasta la grisura crepuscular del frío. El conjunto verbal busca la amanecida con una composición metaliteraria, casi una razón de escritura: Las palabras se formulan para abrir sentidos, para habitar la intemperie de lo desconocido y quedarse allí, suspendidas y activas, como esas mansas pelusillas de polen que se mueven al trasluz, como tercas volutas ascendentes.
 La cita de Maurice Maeterlinck, extraída de La vida de las abejas, anticipa que la naturaleza constituye un propicio escenario temático, impulsor de metáforas y símiles. En él adquiere recorrido una senda cognitiva que requiere el despertar testimonial de la percepción. En ese espacio vitalista la conciencia abre una identidad nueva, su vigilia descubre aurora y plenitud.
  Un verso hermético, “Insecto es amar” sirve de amanecida a un tema básico de esta primera parte del libro. La expresión connota tanteos lógicos. Si la entomología nos recuerda el carácter invertebrado de los insectos, su multiplicidad de especies, la resistencia de adaptación a casi todos los hábitats y la corta trayectoria vital, tenemos cualidades semánticas que aportan una lectura simbólica sobre el amor, el deseo y sus efectos secundarios.  La expresión también alerta del irracionalismo como fuente esencial del impulso poético –una de las premisas heredadas del autor de Don de la ebriedad- y de la necesidad de moldear en la expresión lírica un lenguaje propio y no contaminado por la dicción previsible. De esta actitud estética deviene un ideario expresivo: “No nombrar. / No otorgar a las cosas / el pulso de lo subjetivo. / Tomarlas del aire ordenando / el fulgor de su oferta. / Participar de la magia que queda /  latente en las palabras, apurar / lo entrañable. / Poner / el tiempo entre paréntesis”  El poema entonces se hace indagación y sugerencia, un quehacer imaginario capaz de “mentar el polen y amasar el hielo”.
  En el segundo apartado, Luis Ramos de la Torre recupera una palabra rural ligada al páramo castellano: escanda; el sustantivo define una especie de trigo propio de climas fríos y suelos arenosos, con paja dura y corta. La sección “Las escandas del hielo” aglutina un conjunto de poemas más despojado y directo, más evocativo. En ellos cobra un enfoque central la figura materna. La madre es sensibilidad ajustada a un tiempo marcado por la intemperie. Su afán laboral permitía, en su humilde condición, ejercer la dureza de un oficio lastrado por el frío. Ahora los poemas adquieren un mayor peso anecdótico, tienen los trazos de fotogramas “donde aprendimos a observar/ la cartografía esencial del tiempo”. 
  La visión poética del libro Del polen al hielo deslumbra por su arquitectura imaginativa y por la relación directa que establece entre subjetivismo y naturaleza. Lleva consigo esa compleja relación que las palabras dibujan entre poeta y realidad, un diálogo fértil tocado por la transparencia y la fugacidad, que hace de cada verso una ventana.

https://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2018/01/luis-ramos-de-la-torre-del-polen-al.html

lunes, 15 de enero de 2018

Reseña de LOS OJOS DE LOS FORNECOS de Eladio Orta en Terra-Ecología práctica

Los ojos de los fornecos


Eladio Orta (1957-) es poeta, y ya la hemos comentado en esta sección su obra por su especial sensibilidad ecológica. Su nuevo libro no es un poemario sino narrativa poética y su título no puede ser más sugerente: Los ojos de los fornecos (2017). En este libro, de más de trescientas páginas, el lector se adentrará a un lugar perdido del sur del Reino de España, un lugar donde un río hace frontera con la tierra y el oceáno, un lugar donde se encuentra una isla muy especial. La Isla de las Retamas, una isla llena de “fornecos, ciénagas, fangales, cenagales, sumideros”, un lugar donde el tío Martín nos pasea por la historia de los lugareños y el paisaje natural que los rodea. Un relato que se desarrolla  “indagando en las aguas revueltas de los afluentes de la poesía y la narrativa“. Podríamos sintetizar que Los ojos de los fornecos es la historia de una saga de indígenas que resisten a la especulación urbanística para vivir acordes al ritmo de la naturaleza.

La Isla de las Retamas, lugar donde transcurre la cotidianidad que conforma esta magnífica incursión literaria, es ante todo, el homenaje a una tierra díscola, cuibierta de marisma salada, sapera, peijguera o caprichosa. Una lugar al que adentrarse “desde la otra parte oscura de la sombra, desde el epicentro del remolino nublado que nos acompaña para que aflore lo desconocido, el lastre que nos circunda y a veces nos encamina a situaciones vergonzantes”. Unas letras que transmiten con precisión “el lenguaje de las marismas, mezcla de agua salada y agua dulce, mezcla de arena y fango, mezcla de peces de mar y río, mezcla de cañas y papelejo.
Eladio Orta, su autor, poeta sangre pura, natural de la Isla Canela (Huelva) nos acompaña pues en un emotiva historia, desde la simplicidad llana, profunda y con exquisita sensibilidad, de forma que “Quizás sin saberlo, la poesía le había prevenido en sus coqueteos ocasionales con la melancolía y el era el acompañado, no el acompañante”.
El autor con una amplia obra poética en su haber, pertenece a una estirpe de la isla, con apellido propio, “Los Orta son como la grama, diría el tío Paco el Anega Hijo, ahíncan las raíces en las profundidades de la tierra y ahondan en la perserverancia”.
La historia que va hilvanando Los ojos de los fornecos se narra fuera del espacio-tiempo por parte de alguien que“es un detallista de la observación menguante”. Este nos la explica con un lenguaje costumbrista, con registros que van de lo dialectal a lo coloquial e incluso enalteciendo lo vulgar (como se reconoce en el apéndice) pero con un realismo literario comprometido a la vez que póetico.
El propio lenguaje que conforma toda la obra es la tramoia del escenario que nos adentra en los paisajes humanos de la isla. “A veces el lenguaje se enreda en los palitroques punzantes de las saperas y las palabras brotan duras y ásperas como el desierto que nos espera a la salida de la sociedad de la abundancia y el despilfarro. Otras veces la dulzura se convierte en palabras de ritmos candentes y los pájaros duermen en las ramas de la corriente del agua”.
La lectura de Los ojos de los fornecos nos transporta al corazón de la naturaleza de un lugar donde casi se extinguió la planta endémica, única de la zona, la Linaria lamarckii. Una isla de marismas, en la que “Si el corazón de la Isla no riega las arterias dadoras de vida que la circundan, mal andamos, quienes seguimos teniendo pequeñas esperanzas de que las flores interiores de las habitaciones húmedas del compromiso sigan respirando a sal y a retamas carcomidas por la luz del sol".

Un lugar en que el río se adormece por retardar su llegada el mar y en el que los fornecos, esas pozas de fango poco compactado, en los esteros y cuya dinámica se asemeja a la de las arenas movedizas, es por donde los indígenas del lugar han labrado su particular historia junto con la naturaleza. Un paisaje en el cual “El pobre no puede permitirse el decaimiento del ánimo. Las depresiones son para los ricos, que se las pueden costear”. Una tierra en la que cada generación pone su alma entera y por eso el relato recoge los instantes de estas pasiones: “En aquellos años el sudor engrandecía a los hombres de las retamas. Quien no sudaba era un gandul, un señorito pobre, un infeliz que ni las moscas la visitaban. El hombre tenía que oler a sudor y la excesiva limpieza corporal olía a mariconeo de la muerte”.
El narrador sigue de forma especial al tío Martin, un tipo muy raro, según le reconoce, Patricia, una niña que hace un cameo al final del libro, pues es quién organiza la defensa de la Isla frente a los especuladores urbanísticos y preservar su grandiosa esencia natural: “Las granadas y los membrillos huelen a lluvia primeriza endulzando los ojos del sol y las hojas pájaro imitan el vuelo de los árboles. El otoño es transformador.” “La isla es una locura de bandadas de pájaros picotenado los sueños y de sueños persiguiendo el vuelo de los pájaros.”Pero “Esta sociedad es devoradora. Lo que hoy florece mañana desaparecerá en el mapa.”
Los ojos de los fornecos nos pasea por los poros de una Isla que transpira desde el pasado al presente. Asistimos a la invasión de la Guardia Civil persiguiendo la sombra de El Lute en los años sesenta y, sobretodo, nos desembarca en la playa de la especulación salvaje. “Cuando los pelotazos urbanísticos florecen en los escaparates de la impunidad y los camellos de poca montan trafican con maletines fugaces en los andamios podridos del manicomio. Ahí andan los optimistas caminando a contracorriente por los precicipios de la escarcha, sorteando obstáculos inimaginables de gentes que, sin mediar palabras, ponen zancadillas para que hociquen en los fornecos trampas de los arenales movedizos. Pero ahí siguen aguantando el chaparrón de denuncias vergonzantes y de descalificaciones tontaínas.”
A medida que la lectura avanza uno se identifica con el lugar gracias a que la narrativa de Eladio Orta es capaz de cautivar nuestra alma: “Cada vez quedan menos lugares de referencia de nuestra infancia. Es como si la política globalizadora de las santas multinacionales y de los santos monopolios nos fuera troceando los lugares vivenciales con delicado bisturí.”. A la vez que, desenmascara lo obvio “Las sociedades  burocráticas, de derechas o de izquierdas se alimentan de la destrucción, Maguelito. No hay huecos para el silencio ni para la contemplación del pájaro en su nido.”
Eladio Orta, nos abre su corazón poético con una narrativa que se mece a lo largo de todo el libro: “Contar una historia es caminar por las huellas visibles de los caminos o las vías pecuarias y a veces tomar una vereda transitable para desentumirse de la friolera. Si la narrativa tiene que cruzar un río, lo cruza por el puente, conduciendo alegremente un elegante coche o caminando despacio y escrutando los márgenes para reírse de las maneras tan extravagantes que tiene la poesía de intentar cruzar el río. La poesía espera a que las corrientes del río se encuentren y el agua salada y la dulce se mezclen en un instante de silencio único e irrepetible para cruzarlo sentada en la jona seca de un arbusto”.
Pero ante todo, Los ojos de los fornecos es una denuncia del maltrato a una naturaleza silvestre y humana que con su diversidad realza la dignidad frente a los especuladores: “Las ideologías dominantes trabajan para arrinconar a las ideologías minoritarias a golpe de cansancio y estafas. Y encima, a este engendro mercantilista lo llaman democracia. Que casualidad que a todos los dictadores o democrátas dictatoriales no les guste la política…La política actual se ha convertido en un enjambre de maletines voladores sobrevolando los despachos de los alcaldes y de los teninentes alcaldes y de los urbanistas y juristas principales del reino en busca del elixir de la mediocridad.””Si se ciegan los ojos sumideros del agua dulce del fango, estamos cegando nuestros propios ojos en el escaparate asfixiante de las especies vivas”.

La historia de las traiciones, pero también de las embestidas con la fuerza salvaje de la Guardia Civil al servicio de los poderosos y de los llantos por una tierra amada convertida en especulación- Los especuladores no tienen miramientos deletrea la estrofa del verso no escrito: “Hubo cientos de enganches y de paralizaciones, llantos sordos que se disipaban en la soledad de cuartos desconchados por el agotamiento de la cal, lágrimas que se enjuagaban en palanganas sin fondo, ojos enrojecidos por la impotencia de la resignación de la sal, No tenemos nada, somos papilla en las manos de los colmillos del hambre, cagajones aplastados por las botas sin escrúpulos de los perros de los poderosos.” Porqué la “isla de las Retamas es un entramado de ingeniería jurídica expropiatoria amparado por una ley franquista derogada. Pero quién hace la ley hace la trampa para que los especuladores y demás angelitos del cielo sigan arrinconando la respiración de los bichos resistentes de las retamas”. La Isla de las Retamas es la épica de un grano de arena insumiso en “la península Ibérica que huele a chorizos en descomposición y a sangría urbanística”.
Eladio Orta nos brinda las voces de los habitantes que se alejan interrogantes en la pleamar poética que los mece a la vez que “Todo el peso del poder caía sobre la Isla como un peñasco en la cabeza de un pájaro”. Como alguno de sus personajes, esta obra es pionera, “una travesía cíclica pegada a las zapatas de los muros y a los travesaños de arena que aguantaron los envites del mar en los temporales interminables de febrerillo loco”.
Los ojos de los fornecos es un homenaje, una crónica poética  a “Cuántos recuerdos enterrados o sepultados en cemento guardan estos lugares”. Su lectura nos transporta a los sueños y desvelos de uno de los últimos lugares de naturaleza salada, guiados por la mano de un poeta cuya narrativa se desparrama como el rocio lo hace sobre la belleza descrita en palabras llenas de emoción, compromiso y convicción ecológica. Un libro publicado en una pequeña editorial que merece ser difundido de boca en boca, para que vuele en la libertad del acto poético atrapado en el papel que pervive porque no existe.

http://www.terra.org/categorias/libros/los-ojos-de-los-fornecos

jueves, 11 de enero de 2018

Entrevista a Brane Mozetič, autor del poemario ESBOZOS INACABADOS DE UNA REVOLUCIÓN en Todo literatura

Brane Mozetič: “El hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto”

El autor esloveno acaba de publicar su poemario "Esbozos inacabados de una revolución", un libro en el que muestra las huellas que la guerra y la política dejan en lo más íntimo, así como su compromiso con la libertad.


Brane Mozetič
Brane Mozetič: “El hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto”

El nuevo poemario de Brane Mozetič ha sido publicado por la editorial canaria Baile del Sol 
"Esbozos inacabados de una revolución" es un poemario en el que lo íntimo se convierte en público y viceversa, ¿de qué manera se sitúa ante ambas esferas?
Como he traducido los tres tomos de La historia de la sexualidad de Michel Foucault, soy muy consciente de que el ámbito de la intimidad o, más exactamente, de la vida sexual de un ser humano en absoluto es un asunto privado, sino que, desde siempre y todavía hoy, ha estado sujeto a una estrecha vigilancia de las autoridades, tanto de las autoridades laicas como de las eclesiásticas. Todas las religiones decretan con precisión las prácticas sexuales, cuáles están permitidas, a quién y cuándo, hasta qué punto, lo que está prohibido y castigado. De manera similar, las autoridades laicas llevan desde antaño aprobando leyes que regulan el área de la sexualidad humana. Este ha sido siempre también un tema muy tratado por el arte, que desafiaba los límites de la libertad de expresión. Y sigue siendo así: el hombre en su intimidad o en su sexualidad no es libre en absoluto, sino que su comportamiento está determinado por las leyes, por la moral, por la tradición y por la cultura. Hablar de la intimidad siempre es un acto político que es necesariamente público. Como en mis poemas hablo mucho de la intimidad, ya me meto con los mencionados leyes, moral, tradición y cultura.
Hace poco un poeta comentaba que, mientras leía en público, alguien le gritó: ¡Eso no es poesía, eso es política! ¿"Esbozos inacabados de una revolución" es un poemario político?, ¿es poesía, es política, o ambas cosas?
Toda mi literatura es, de alguna forma, comprometida. Esta colección incluso un poco más porque no habla solo de la libertad sexual, sino también de cuestiones sociales y políticas. Como no vivo en un mundo tranquilo y estable, sino en una época muy turbulenta, con muchas guerras y con mucha gente pasando miserias, no puedo escribir la llamada poesía pura – tampoco la lírica, sino que mis poemas se mezclan con la expresión prosada, con el compromiso, también con la política.
Usted explica también en un poema que en un recital le acusaron de poner demasiado énfasis en su condición sexual, ¿cree que ha cambiado algo la mirada del público lector y oyente, o ese aspecto continúa incomodando?
Cuando hablas de tu propia orientación sexual que es diferente de la mayoritaria, estás siempre expuesto y te encuentras en una posición vulnerable, tus límites están determinados por esa mayoría. Es la que decide también hasta qué punto te lo permitirá. Si dejamos la historia, las quemas y los campos de concentración para centrarnos en el mundo actual, los límites de tu orientación sexual diferente dependen también de la sociedad en la que vives. En Eslovenia, mis poemas, sin duda, siguen incomodando, en los países sudamericanos los consideran acto de valentía, en otros países son censurados o absolutamente imposibles. En Argelia, por ejemplo, se podían recitar al mismo público las traducciones francesas de mis poemas homoeróticos, pero no las árabes, aunque el público comprendía las dos lenguas. Son cuestiones interesantes de la tradición, de la cultura y, por supuesto, del poder de la autoridad, que decide también sobre la poesía. Varias veces he sido víctima de agresiones verbales y también físicas por mi orientación sexual, y me parece muy necesario hablar sobre ello.
Cuando hablas de tu propia orientación sexual que es diferente de la mayoritaria, estás siempre expuesto y te encuentras en una posición vulnerable

La libertad es otra de sus preocupaciones en este libro, ¿considera que existe en estos momentos algún resquicio para esa libertad?
El campo de la libertad se abre normalmente después de mayores acontecimientos históricos, por ejemplo después de las revoluciones. Así, al menos en el Occidente se abrió después de la Segunda Guerra y culminó en la época de motines estudiantiles y de la revolución sexual. Después, las autoridades metieron la libertad en los moldes y recortaron todo lo que sobrepasaba esos moldes. Por lo menos en Europa tenemos hoy más derechos, pero hay menos espacio para la libertad, todos los días, a cada paso tropezamos con las regulaciones impuestas por el poder. De ninguna forma vivimos en una sociedad iluminada, llena de optimismo y felicidad, sino que estamos preocupados, reservados, a veces también asustados... y, en general, impotentes ante el sistema construido por el poder.

"Siempre estamos en el brete de los acontecimientos provocados por los políticos que elegimos nosotros mismos"

En este libro describe algunas escenas, como en el poema que comienza con “Mi tío Slavko”, que nos acercan a acontecimientos históricos a través de lo que le pasa a las personas en su vida diaria, ¿es quizá este el modo más realista de contarlos?
A lo largo del libro aparecen acontecimientos históricos muy concretos que se mezclan con reacciones individuales y personales y también íntimas a esos acontecimientos. El hombre y su mundo personal están sujetos, pues, a lo que sucede en la historia, y, por ello, todo esto se entrelaza en los poemas. Quería mostrar que la historia se repite, que siempre estamos en el brete de los acontecimientos provocados por los políticos que elegimos nosotros mismos. Es un círculo vicioso y, al mismo tiempo, lo trágico de nuestras vidas.
¿Qué tiene de revolucionario el amor?, ¿y la pasión?, ¿y el sexo?
Si un hombre fuera libre en el amor, en la pasión y en el sexo, eso no sería un asunto nada revolucionario. Pero como, de hecho, no lo es, choca siempre contra las limitaciones y reglas que acabo de mencionar. En general a una persona se la educa ya en su infancia y a través del sistema escolar, inculcándole una gran cantidad de reglas y también frustraciones. En su amor, su pasión y su sexualidad es revolucionaria siempre cuando excede los límites, las reglas, los modelos que ha adquirido y que la rodean. Una persona del mundo occidental se encuentra en una situación completamente diferente que una persona del mundo árabe o de los países del lejano oriente. Las cosas nos son tan inocentes en absoluto, pues en todo el mundo te pueden, por el amor, por la pasión o por el sexo, perseguir, encarcelar, excluir, desheredar, odiar, y también ejecutar. De modo que la mayoría cede ante el mundo circundante y no es nada revolucionaria. Y, además, hay que añadir que ya la relación misma de amor, de pasión o de sexo es una relación de autoridad, de poder, de poseer. Todas estas fuerzas se desencadenan ya en una relación íntima entre dos seres, una especie de guerra se libra ya en una pareja – y lo sabemos muy bien todos, por nuestra propia experiencia.
¿Hacia dónde mira cuando escribe un poema?
Mis poemas están hechos de escenas, a veces son como cuentos muy cortos. Las saco de mi memoria y de la memoria del mundo en el que vivo. Miro una escena que, después, se desarrolla a través de las palabras.
¿La exposición propia es una forma de honestidad?
Podríamos llamarla también honestidad. De todas formas, es algo subjetivo porque se trata de mi visión de mi propio mundo y del mundo que me rodea.
Ha habido momentos en la historia de la literatura en los que se pensaba que el objetivo fundamental de la poesía era mostrar la belleza. ¿Tiene la poesía algún objetivo, desde su punto de vista?, ¿qué tiene que mostrar?
La poesía es tan variada que también tiene objetivos muy diferentes. Para algunos tiene que exaltar el heroísmo, para otros el pacifismo, para algunos la creencia en dios, para otros los sentimientos de amor, la belleza de la naturaleza, etc. Para mí es un espacio de libertad y creación en el que me expreso a mí mismo y a mi mundo. Con mi compromiso, por supuesto, trato de mover los límites de los demás; o, solo, trato de encantar a los demás con mis imágenes, ofrecerles una especie de placer estético.
¿Diría que la poesía es necesaria en el mundo en el que vivimos?, ¿para qué?, ¿por qué?
Para nosotros que la escribimos es muy necesaria. Y también para los que la leen. Las dos partes a lo mejor vivimos en ella un mundo diferente que no podemos vivir en la vida real. Y hay muchos que no pueden hacerlo o, incluso, cada vez más.
¿A quién recomendaría leer Esbozos inacabados de una revolución?

Creo que a cualquiera. Porque la rebeldía o lo revolucionario forma parte de la naturaleza humana. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Leyendo estos poemas, uno puede revivir sus recuerdos o encontrar paralelos a sus sentimientos de rebeldía en el tiempo presente.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Reseña de Mi columna vertebral de Andrea Mazas en la revista Clarín

Andrea Mazas
Mi columna vertebral
Baile del Sol, Tenerife, 2017

Claridad en los vínculos

Cuando los primeros árboles con los que nos encontramos en el camino poseen fortaleza y espléndida textura, podemos aventurar que el bosque en el que nos estamos internando podría tratarse de un emplazamiento memorable. Mi columna vertebral, el primer poemario de Andrea Mazas (Salamanca, 1981), nos coloca en ese lugar. Nos descubre a una poeta brillante, con una gran voz, ya pulida, que se mueve con un despliegue verbal compuesto por léxico y elementos sencillos, referentes cotidianos, símbolos reconocibles y metáforas alrededor de lo elemental. Mazas comparte una poesía de tono confesional, con una dicción precisa y luminosa y una excelente confección de las piezas. Se trata de una poesía sustantiva, que encierra la complejidad de acercarse a la esencia humana y de la vida (de una vida acompañada, abierta a su comunidad) al mismo tiempo que sus metáforas y alegorías recuperan cierta mirada mágica del mundo.
Su obra pretende reflejar la plasmación del cambio existencial. Uno de los ejes del libro es el proceso de construcción del sujeto, donde se busca afirmarlo y definirlo («soy el abismo entre la que fui y a la que voy»). Este se va construyendo desde la duda y un carácter receptivo, sin omitir los dobleces ni los agujeros, aunque en ese tratamiento se resalta la tenacidad y el vigor. Plasma un desarrollo biológico, desde el nacimiento, pasando por la infancia y la juventud, hasta la madurez. Ahí se resaltan los vínculos, los afectos, la interdependencia. Concretamente, la autora explora su personalidad. Rastrea lo que le configura como ser humano, especialmente como ser relacional. En efecto, para Mazas, el «yo» también se compone de los otros, cuanto menos de un «tú» específico al que se dirige en muchas de las piezas. Así, el sujeto no es individual, sino construcción colectiva. Además, en varias ocasiones, se remarca la idea de que el «yo» es una suma de aspectos que lo van cubriendo. A partir de la afirmación de nuestra composición lingüística («tomé la palabra y nací persona»), los poemas recorren entonces el proceso de ir liberándose de esas capas hasta alcanzar la desnudez. No en vano, las distintas etapas de la vida se superponen en el «yo», con lo que se subraya tanto la conciencia de la evolución y multiplicidad como su permanente formación. Más allá, llega a situar su cuerpo como representación y encarnación de toda la existencia del ser humano. Precisamente, el cuerpo herido aparece como constatación de crisis o inflexión vital (como el paso a la madurez).
Otro de los ejes es el amor y la relación con el otro, especialmente en el tramo final del volumen. Habla de un amor correspondido y gozoso, siempre con un horizonte de entrega, donde el sexo aparece como culmen. Pero no sólo en estos poemas se subraya la carnalidad como reivindicación del placer y del deseo, sino que se liga con el planteamiento vitalista atraviesa todo el libro. En ese sentido, palpita en estas páginas un anhelo de libertad, unida también al desarrollo imaginativo, a la reinvención o reinterpretación lírica de la realidad. Además, el amor se presenta como un acto de comunión con el mundo, no sólo entre dos personas. De hecho, la poeta lleva a cabo, también de manera explícita, una indagación en lo elemental, que tiene su correspondencia con la presencia constante, precisamente, de los elementos naturales en sus piezas.
A su vez, en el volumen se reclama la perspectiva y la reivindicación feminista de género. En concreto, denuncia la objetivación de la mujer, su reducción a apariencia y la asimilación por parte de las propias mujeres de estas lógicas.
Por otra parte, en una de las secciones del libro (que incorpora un CD con los poemas hechos canción a cargo de un nombre de referencia en la canción de autor: Antonio de Pinto), Mazas versa sobre la poesía y el lenguaje. Explicita allí su voluntad de escritura clara («la palabra debería ser siempre / una llave, y no un telón o una máscara»), con implicación personal («como un globo que suelta lastre / yo me he ido desprendiendo en los poemas») que apele al lector y que le permita apropiarse de ella, tal y como la propia autora busca cuando lee, y tal y como se produce con este relevante poemario.


Alberto García-Teresa